IronMan Vitoria 2017

IronMan Vitoria 2017

Suena el despertador a las 6 de la mañana. He dormido mucho mejor de lo que me esperaba, porque llevaba dos o tres días con el estómago encogido de los nervios, y pensé que no iba a pegar ojo.

Pero he dormido relativamente bien.

Preparo un desayuno completísimo que me de fuerzas para pasarme un día entero haciendo ejercicio. Queso de Burgos, membrillo, cereales, un bocadillo de pavo con queso, café cargado y agua. Mucha agua.

A las 6:30 se levanta Patricia, que se viene conmigo y Gabriel, que nos va a acercar a Landa y se vuelve para casa a por las niñas.

A las 7 en punto, tal y como habíamos acordado, nos ponemos en marcha y nos vamos hacia el pantano de Landa, que está a 10 minutos de casa.

Cuando llegamos a la entrada del pueblo acaba de amanecer, pero aquello ya es un hormiguero de triatletas en procesión hacia la salida. Es una procesión de deportistas silenciosos. Supongo que cada uno pensando en su carrera, y con miedo a como nos encontraremos durante el día.

Llego a la T1, donde tengo la bici desde el día anterior, y entro a dejar todo preparado para cuando salga del agua. Preparo la parte de arriba del traje, los geles, la calas de la bici, casco, gafas, etc… Lo dejo todo metido en la bolsa, y la cuelgo en la percha con mi número de dorsal. Cojo el neopreno, el gorro y las gafas, y me salgo con Tuco.

Nos alejamos un poco del mogollón de gente y de la megafonía, buscando un sitio tranquilo donde poder pasar la hora y media que queda para la salida. Bastante encogido tengo ya el estómago como para que el speaker me ponga más nervioso con sus gritos.

Me había preparado un par de sándwiches para tomarlos aquí, y cargar un poco más los depósitos de energía, pero no me entra la comida. Los nervios me han quitado el apetito, así que decido no comerlos.

Nos sentamos en unas piedras a ver el pantano y a ver cómo se van preparando los del “media distancia”, que salen un cuarto de hora antes que nosotros. Justo antes de su salida nos vamos hacia las vallas para verlo todo de cerca. Hace fresquito, así que me embadurno bien el cuello de vaselina, y me enfundo el neopreno. No quiero rozaduras ni molestias que aporten aún más dureza a la prueba.

Una vez en el agua los del medio IronMan, me voy para la entrada al recinto cerrado. Ya en la valla, Tuco me da un último abrazo, unas últimas palabras de ánimo y me deja allí solo.

El speaker empieza a meternos prisa y entramos medio corriendo a la zona de playa cerrada para la prueba.

 

NATACIÓN – 3.800 metros

 

A las 8:50 exactas empieza la cuenta atrás, y diez segundos después, suena la bocina y nos tiramos todos al agua.

Hay que dar dos vueltas a un circuito triangular marcado con boyas que están a una distancia de unos 300 metros unas de otras.

Me tiro al agua con la esperanza de que, como me suele pasar, los nervios desaparezcan de golpe con las primeras brazadas.

Pero cometo un error de principiante: me he entretenido un poco en despedirme de Tuco, y me tiro al final de todo el grupo, pero por el medio. En una pocas brazadas estoy totalmente rodeado de gente que me golpea, me da patadas e incluso me pasa por encima. Entre eso, y que no consigo deshacerme de los nervios, me entra un ataque de ansiedad que no me permite nadar.

Empiezo a nadar a braza, pero me cuesta mucho respirar, incluso sin meter la cabeza en el agua. Intento nadar a espalda, pero es aún peor. Tengo la sensación de que me ahogo y si intento nadar a crawl no soy capaz de dar dos brazadas seguidas.

Se me pasa por la cabeza pedir ayuda, pero pienso que no puede ser. No se puede uno retirar de un Iron Man a los 150 metros de natación. Esto no me puede pasar a mi, cojones. Me pongo a pensar en todos los que me están siguiendo, y en toda la gente que me ha mandado mensajes de ánimo, y en todo lo que me queda por delante por hacer, y en que no puedo nadar…. cagadón. Pensar así me hace sentirme aún peor.

Decido parar, intentar irme nadando a braza hacia un lado, para salir del mogollón. Y una vez que tengo unos metros libres por delante (pocos), pienso en un mantra que repiten todos los que saben de esto: ponte metas intermedias y no pienses en nada más que en esas metas.

Así que decido ir nadando hasta la primera boya. Son 350 metros y hasta ahí llego sin problemas. El razonamiento es: “nada hasta la primera boya, y cuando estés allí, ya veremos lo que pasa”

Fue una buena decisión.

Al principio sigo un poco a braza, y cuando veo que me voy tranquilizando, empiezo a nadar a crawl. Diez brazadas y mira para adelante. Un poco después, miro la boya, y la tengo cerca. Hasta ahí llego seguro.

Y antes de llegar a la primera boya, ya voy nadando normal. Me he tranquilizado. La ansiedad ha desaparecido.

Así que a partir de aquí, es trata de ir de boya en boya y de brazada en brazada.

Durante la primera vuelta vuelvo a tener un par de momentos de agobio por las patadas y los golpes. Creo que somos demasiados, y que tendríamos que haber salido en varias tandas.IMG_3628[1]

En cualquier caso, la cabeza ya está en modo “natación” y no aparecen los nervios por ningún lado.

Salgo del agua tras la primera vuelta, saludo a Tuco y para la segunda, busco ponerme siempre por el lado derecho del recorrido. Hago algún metro de más, pero voy nadando solo y sin un solo golpe. Tomo las boyas por el interior, y en cuanto paso la boya, me vuelvo a ir hacia la izquierda para ir solo.

Y así voy pasando los metros y las boyas, y salgo del agua después de hacer 4 km (según el gps) en una hora y dieciséis minutos.

Si descontamos los 2 ó 3 minutos perdidos en la crisis de la salida, me sale un ritmo medio que está dentro de lo que había planeado y que está bastante bien para mí.

Sabía, porque lo había leído, que nadie termina un IronMan sin pasar alguna crisis, pero no esperaba tener la primera a los 5 minutos de la carrera.

Pienso que ojala sea la única crisis del día.

¡Que iluso!

BICI

La primera transición la hago muy tranquilo.

Esto me va a llevar 12 horas (o más), así que tampoco hay que estresarse en los cambios de ropa. Te quitas el neopreno, el gorro y las gafas, lo guardas todo en la bolsita y te calzas las calas, la parte de arriba del traje, casco, gafas, guantes y a por la bici.

Al salir del agua veo a Tuco, la saludo y me monto en la bici.

El día es perfecto. No hace frio, no llueve y no hace viento. Es ese sentido, y estando en Vitoria, nos ha tocado la lotería.

Además, el recorrido en bici es una pasada. Un recorrido precioso, con toboganes continuos, pero sin subidas ni bajadas duras. Es bonito, variado, y además puedes llevar un ritmo bastante cómodo y no forzar las piernas en ningún momento.

Para los que se dedican a esto, es una bici fácil.

Para el resto de los mortales (entre los que me incluyo), 180 km pedaleando es un infierno, aunque te los pongan cuesta abajo.

Así que intento pillar mi ritmo, comer y beber bastante e intentar distraerme todo lo que pueda para que se me haga lo menos largo posible.

En todo momento voy pensando en no forzar, pero a la vez, mirando el cuentakilómetros por el rabillo del ojo. Sé que por mi nivel, debería hacer una media cercana a los 30 km/h. Así que según van pasando los km, voy calculando y me voy manteniendo en todo momento por encima de esa velocidad.

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No sé si esto me pasó factura después, pero estoy seguro de que el hacer la bici a buen ritmo es fundamental para que luego te salga el tiempo que buscas.

Aun así, y salvo en un km de subida a la presa que pica algo más para arriba, no fuerzo en ningún momento y dejo que el ritmo vaya saliendo.

Son dos vuelvas de 73 km y una última vuelta más corta, de treinta y pico.

En el primer paso por Landa, veo a las niñas, pero voy rápido y por el lado contrario de la carretera, así que no puedo más que saludarlas desde la bici.

En la segunda vuelta se empieza a notar un pelín la fatiga en las piernas. Las mismas cuestas del principio parecen más duras con el paso de los kilómetros. Pero nada preocupante.

Van pasando los km, las horas y los avituallamientos.

Paso la segunda vez por Landa, y ahora si me paro a darles un beso a las niñas y a saludar. Llevo cuatro horas y media y ya solo me queda la vuelta corta.

En el inicio de la tercera vuelta, las mismas cuestas que se iban poniendo duras, ahora me obligan a ponerme de pie en la bici y apretar mucho.

Es muy curioso como las piernas van acumulando fatiga sin que prácticamente te des cuenta y que cada vez cuestan más las mismas pendientes.

Pero una vez superadas estas rampas, se vuelve a llanear y ya se baja hasta Vitoria.

He comido, he bebido, no he forzado demasiado, y he tardado 5h 50 a una media de 31 km/h.

Y me encuentro bien. Voy mejor de lo que tenía previsto, y pienso que si hago la maratón a mi ritmo, puedo terminar cerca de las 11 horas.

Razonamiento de auténtico novato venido a más.

En poco menos de una hora, la distancia IronMan me iba a poner en mi sitio y me iba a dar una buena lección de humildad.

Ahora, mientras lo escribo, me estoy avergonzando de mi propia prepotencia…

MARATON – 42 kilometros

Me vuelvo a cambiar tranquilo en la T2, zapatillas, gorra, gafas de sol de correr, me tomo un gel, guardo todo lo de la bici en la bolsa y me pongo en marcha.

El recorrido de la Maratón consta de 4 vueltas por el centro de Vitoria de 10´5 km cada una.

Sé que esto es muy largo, y que tengo que ir despacio para aguantar hasta el final.

Y con esta idea en la cabeza, empiezo a correr.

Nada más salir, te metes por el casco antiguo y te das cuenta de lo que va a ser esta carrera. La calle llena de gente fuera de los bares, en la calle, animándote a lo bestia.

Llevaba en el dorsal escrito “Sete” y todo el mundo te gritaba tu nombre. Yo no sé los “¡¡Aupa Sete!!” que escuché.

Una 10 para el público y un 10 para una ciudad totalmente volcada en la carrera.

Voy mirando el Garmin y he hecho el primero km en 5´15. Voy muy rápido, pero no voy forzando nada.

Aflojo un poco, y corro a 5´30 un par de km sin problemas.

Voy pillando agua y remojándome en los avituallamientos y tengo unas sensaciones muy buenas.

En el km 6, el ritmo baja solo. Yo voy haciendo el mismo esfuerzo, pero me ha salido un ritmo de 5´40. Pienso “bah, habrá sido alguna cuesta, o algún fallo del reloj”.

Pero no.

El 7 me sale aún más lento. Y en el 8 me voy por encima de 6 min/km.

Yo estoy haciendo el mismo esfuerzo, y el ritmo cada vez es peor. No entiendo nada.

Y lo peor no es que no lo entienda. Lo peor es que este bajón de ritmo me pega un mazazo psicológico y empiezo a tener dudas.

El km 9 es más lento todavía y aquí ya si que empiezo a pensar en lo que me queda y en que cada vez voy más despacio.

Psicológicamente me hundo.

De repente la cabeza me pide que deje de correr, y me quedan 33 km por delante. Pienso seriamente que no voy a terminar.

Pero no me voy a rendir tan rápido. Y no quiero andar. Quiero correr, que a eso he venido, pero no voy a poder. Veo que no voy a ser capaz.

Por si mi “via crucis” interno fuera poco, me adelantan como bestias los que me doblan. Algunos ya están terminando. Psicológicamente, eso te hunde aún un poco mas.

Menos mal que estoy terminando la primera vuelta, entro en todo el mogollón del centro (por el primer paso por la Plaza de España y la Virgen Blanca), atestado de gente gritándote y me entretengo un poco.

El km 10 me sale a 6´40.

Vuelvo a pensar que me voy a terminar parando.

Me quedan 32 km y no puedo con ellos ni andando.

No voy a terminar. Me cago en la puta. Después de todo lo que me he esforzado estos meses, me quedan 32 km y estoy vacio.

Después de todo lo que he entrenado, no voy a poder con ello.

Joderrrrrrrrrr….

Pero no sé muy bien porqué, sigo corriendo.

Y en este punto, en el que estaba fuera de la carrera, entro en un parque y veo al fondo que me empiezan a gritar. Están las niñas, Tuco, mi hermana y Gabriel animando.

Me ven venir y les cambia la cara. Intento no asustarles, pero no puedo evitar decirles que voy fatal.

Me habían visto llegar, y ya se lo habían olido.

Pero también les digo que voy a seguir. Que aunque sea despacito, voy a seguir.

Me ayuda compartir con alguien mis penas. Y me ayuda decir en voz alta que no me rindo. Al menos, no todavía.

Oigo a Tuco que me grita: “ve muy despacito. Muy despacito!!”. Pobrecilla.

Estoy seguro de que sufrió más que yo.

No tengo palabras para explicar cómo me ayudó que estuvieran ahí.

Fue un milagro.

Me dio unas fuerzas que ya no tenía.

Y en ese momento tomé la mejor decisión del día. Decidí quitar el GPS y me replantee totalmente mi objetivo.

Me paré y me dije a mi mismo: “has venido a terminar un IronMan, y a terminarlo corriendo, así que ponte a trotar despacio. Olvídate del reloj, del tiempo que llevas, del que te queda, del ritmo, de la distancia. Olvídate de todo y trota. Piensa solo en llegar al siguiente punto kilométrico, y trota. Trota, trota y trota. No pienses absolutamente en nada más que en trotar.”

Y me puse a trotar. Trotar hasta el km 13. Y luego, trotando hasta el 14. Y luego, trotando hasta el 15.

En el primer avituallamiento me la jugué. Había oído que la coca cola sienta muy bien cuando vas muerto. Así que en el primero que paré, me tomé una.

Y fue increíble el efecto que me hizo. No sé si fue psicológico, si fue el azúcar, si fue la cafeína o si fue que estaba fresquita, pero me espabiló muchísimo.

Así que en los avituallamientos me paraba totalmente. Me refrescaba con agua. Me tomaba una coca cola. Y seguía.

A partir del km 16, me encontraba mucho mejor. Trotando lentísimo, pero avanzando.

Es muy curioso cómo funciona la cabeza. En cuanto pensaba en la distancia que me quedaba, me venía abajo totalmente. Tenía que ir luchando todo el rato para pensar sólo en el siguiente km y en seguir trotando.

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Entre el 20 y el 25, me permití incluso ir animando a algunos que lo estaban pasándolo mucho peor que yo. Es increíble la de gente que va caminando en un IronMan. Muchísima gente andando y sufriendo a lo bestia. El famoso “IronMan suffle”. Había oído hablar de él, y ahora lo conozco de primera mano.

Y así pasaban los kilómetros.

Tuco y las niñas me iban viendo cada 5 ó 6 km.

Y cada vez que las veía era como una inyección de energía que ni el mejor de los geles…

Llegado a la última vuelta, en el km 33 ó 34, vuelvo a encontrarme peor. Esto ya es agotamiento físico, y no solo psicológico. Sigo trotando pero ya casi no puedo ni levantar los pies del suelo.

En una maratón, si has entrenado bien, a estas alturas puedes encontrarte con “el muro”.

Aquí, después de 10 horas, es como si el muro te cayera encima y te aplastara.

Pero esta crisis es diferente. El cuerpo no puede, pero la cabeza sí.

Ahora quedan 8 km y sé que voy a llegar.

Y además, que coño, sé que llego trotando. Una vez aquí, no me voy a poner a caminar ni de coña. Si tengo que trotar a 8 min/km, pues vale, pero sigo corriendo.

Voy tan cansado que me molesta hasta que me animen. Hago un par de km roto, pero sin parar de trotar en ningún momento.

Y es curioso cómo, al llegar al 38, la cabeza empieza a oler cerca la meta y te vuelven a resurgir las fuerzas de donde ya no quedaba nada.

Ahora ya sé que voy a ser un IronMan.

Lo noto. Hasta me permito el lujo de volver a mirar el reloj, de ver que voy a llegar en menos de 12 horas, y de no parar en el último avituallamiento.

Ya beberé cuando llegue. Con dos cojones!

Cuando pasamos por el km 7 de la última vuelta, uno que venía al lado a mi ritmo me dice que hay que disfrutar de estos últimos km. En ese momento, yo solo quería llegar a la Plaza de España. Pero ahora lo pienso, y veo que tenía razón.

Tengo por delante los 20 últimos minutos de mi IronMan. Esto es la leche. Es indescriptible lo que se siente.

Además, son 3 km que haces por el centro. Todo el mundo animando a lo bestia. Son tres km de climax en los que los pies no son capaces de levantarse del suelo, pero el resto del cuerpo va en una nube.

Estoy terminando un IronMan. Después de todo lo que he sufrido, voy a terminar. Esto es la leche. Me lo repito una y mil veces. La leche no, la releche!

Termino la última vuelta, entro en los últimos 500 metros que están vallados y con alfombra y de repente, oigo que me llaman por mi nombre. Miro a la izquierda y están Eva y Ricardo, que pasaban por Vitoria y se han acercado a verme.

Aún estoy alucinando. ¡¡Muchísimas gracias!! No sabéis la ilusión que me hizo veros allí.

Y cuando llego a la útima esquina, a 50 metros de meta, veo a Patricia, las niñas, Susi y Gabriel.

No sabría explicar la sensación de felicidad. Este IronMan es suyo.

Si no fuera por ellas, no habría terminado. Por el apoyo de hoy, pero sobre todo, por el apoyo incondicional que me han dado en estos seis meses de entrenamientos intensivos. Esto es tan suyo como mío.

Chicas, esta carrera es vuestra. Gracias, gracias y un millón de veces GRACIAS.

Levanto los brazos, me río, las beso, me dan ganas de llorar, de reirme, de tumbarme, de bailar (que ojala pudiera)…

Y enfilo la recta de meta. Son 30 metros en los que experimentas unas sensaciones que hacen que valga la pena todo.

Y en esos 30 metros me vienen a la cabeza los seis meses que llevo entrenando.

Esos 30 metros le dan sentido a todo.

Los entrenamientos por el Retiro, los kilómetros recorridos, los madrugones,  las horas de piscina en pleno invierno, las sesiones de natación en el pantano, las horas de rodillo en la terraza, las salidas en bici…

Seis meses cuidando lo que comes, lo que bebes, lo que entrenas. Seis meses invertidos en terminar un IronMan. Y aquí lo tengo.

Y pienso en lo que he sufrido estas últimas horas. Demasiado. Mucho más de lo que yo pensaba que iba a sufrir. Demasiado, se mire por donde se mire. Una barbaridad.

Pero aquí estoy.

Levantando los puños, gritando un “toma” al aire y entrando en meta en 11 horas y 51 minutos.

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Nada más cruzar la meta, pienso, como siempre, en mi padre. Él me inculcó la pasión por el deporte. El es, en parte, el culpable de mi locura.

Según me cuelgan del cuello la medalla, pienso que esta medalla es para él. Se la merece más que nadie, y me hace muchísima ilusión que la tenga.

Y pienso en mi madre. Y en lo mal que se lo hago pasar por hacer estas imbecilidades (como me repite siempre ella). Sé que ha estado sufriendo todo el día, y lo siento. Pero ya estoy en meta y he llegado bien.

Y pienso otra vez en Tuco, en las niñas, en Susana y en Gabriel, y en lo que me ha ayudado que vinieran. Gracias por venir, de verdad. Sin vosotros aquí, no sé si habría llegado.

Y pienso en todos los amigos a los que he aburrido durante 6 meses con mis entrenamientos y mis mierdas. Y en el resto de la “Family”, que siempre me están preguntando por mis entrenamientos.

Sé que han estado siguiendo la carrera por la aplicación y por los grupos de whattsapp. Y saberles ahí me ha empujado en los momentos duros y me ha ayudado mucho también. Esta carrera también es vuestra. Gracias por todo.

Asi que ya estoy en meta.

Una vez que me relajo y recojo la medalla, la camiseta y la manta para abrigarme,  me entran unas ganas locas de reunirme con los míos. Paso de comer, de beber y de todo, y me salgo del recinto cerrado para reunirme con ellos.

Abrazos, felicitaciones, besos, mas abrazos. Felicidad en estado puro.

La recogida de la bici, las bolsas y la llegada al coche, son una odisea. Según pasan los minutos, cada vez me cuesta más andar, y encima se pone a llover y todavía lo dificulta más todo. Pero otra vez gracias a Tuco y a las niñas, recogemos todo y nos vamos al coche.

Cargamos la bici, volvemos a la casa rural, ducha y al sofá. No me apetece ni cenar. Lo único que quiero es estar tumbado.

Asi que a los 10 minutos, decido irme a la cama. El trayecto del sofá a la cama se convierte en un suplicio. Ya casi no me puedo ni mover.

Me tumbo en la cama y el dolor de piernas es insoportable. No puedo ni cambiar de postura.

Así que me quedó ahí, mirando al techo. Y cierro los ojos. Y me pongo a pensar y a repasar mentalmente todo el día. ¡Menudo día!

Y pienso en que hoy he hecho un IronMan. Ahí queda eso. Ahí queda para siempre. Lo que he conseguido hoy, ya no me lo quita nadie.

A partir de hoy, SOY UN IRONMAN.

 

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GRAN FONDO ROTOR SIERRA NORTE 2017

GRAN FONDO ROTOR SIERRA NORTE 2017

 

165 km de terreno rompe piernas, puertos y un calor de justicia.

Había programado esta carrera justo un mes antes del Iron Man pensando en que me sirviera como prueba de sensaciones de cara al sector de bici. Tiene algunos kilómetros menos (165), pero muchísimo desnivel (casi 3000 m.), por lo que me pareció el test ideal.

Con lo que no contaba yo es con 41 grados en la sierra el 11 de junio. Ha tenido que coincidir el día mas caluroso de lo que va de año con el día de la ruta. Su puta madre!!

En fin… Ahí va la crónica: Seguir leyendo “GRAN FONDO ROTOR SIERRA NORTE 2017”

Talajara 2016 – 120 km de pura piedra

Suena el despertador a las 6 de la mañana. Cuesta abrir el ojo, y encima he dormido regular, no sé muy bien porqué. Pero en cuanto pienso que tengo carrera, me activo rápido y salto de la cama.

Desayuno rápido, planto el pino matinal, y ya estoy listo para partir. Había dejado todo preparado la noche anterior, así que me visto con el chándal, pillo la mochila y un bocata de jamón y queso y al coche.

Son las 6:30 y es de noche cerrada. Bici a la baca, bocata y botella de agua para tomar por el camino y a conducir. Seguir leyendo “Talajara 2016 – 120 km de pura piedra”