Esta es la crónica del Maratón en el que he aprendido, en mis propias carnes, lo que es el “muro del maratón”. Ese mazazo que te espera agazapado en el kilómetro 32.

Y es feo.

Cuando entrenas bien, todo va bien hasta meta. Cuando no entrenas bien, las cosas solo van bien hasta el kilómetro 32. …

Este año, igual que hicimos el año pasado, hemos aprovechado la Maratón de Málaga para organizar un viaje de fin de semana con los amigos, y disfrutar del clima primaveral que suele hacer por allí todo el año.

El año pasado fuimos Ana, Javi, Rafa, Sara, Tuco y yo. Este año se han apuntado también Esther y Miguel.

El sábado por la mañana salimos en tren rumbo a Málaga. Una vez allí, con el tiempo bastante justo, nos vamos rápido a por los dorsales y luego a comer a un chiringuito en la playa. En el chiringuito se nos unen la hermana de Rafa y su cuñado, también Rafa, corredor, escritor y bloguero. Muy recomendable su blog, https://cuatroamiguetes.com/, y su libro “Volver al asfalto” (si tienes el gusanillo de correr una maratón algún día, te recomiendo encarecidamente su lectura, porque te va a ayudar a lanzarte a la piscina). También se viene a comer Mariate, que vive allí y aprovechamos el viaje para vernos.

Así que comilona salvaje el sábado, paseos larguísimos recorriéndonos medio Málaga con prisas, luego cena también copiosa, nos acostamos tarde… todo mal. Veía a la gente trotando y estirando las piernas para el domingo desde la silla de la terraza y ya sospechaba que algo no estaba haciendo bien…

Digamos que no hicimos el plan mas indicado para el día antes de una carrera, pero un finde con amigos es un finde con amigos. Y que nos quiten lo bailao.

El domingo a las 6 suena el despertador para desayunar. Lo primero que hago es asomarme por la ventana, porque daban lluvias torrenciales, pero compruebo que no llueve. Esta todo mojado, pero no llueve. Así que desayuno, y me vuelvo a la cama otra vez (a dar vueltas nervioso. Un clásico).

Al las 7:45 hemos quedado en la recepción del hotel y nos vamos hacia la salida. Se confirma que sigue sin llover. Chispea un poquito, pero prácticamente nada.  Menos mal.

Llegamos a la salida, despedidas, besos, fotos, nos vamos cada uno para nuestro cajón y pasamos por esos 15 minutos obligatorios de nervios, tensión, nudos en el estómago y caras de miedo de antes de una Maratón.

A las 8:30 se da la salida y nos ponemos todos en marcha. Lo primero que me viene a la cabeza es que somos demasiados. Entiendo que es un tema de pasta, y que es lo que hay, pero lo de juntar a los que corren la maratón con los que corren la media no me gusta. Y encima de ser muchos, se suman todos esos que se ponen en un cajón muy por encima de su ritmo y salen adelante del todo, pero corriendo lentísimo. Los mataba. Bueno, igual matarles no, pero un collejón fuerte según les adelantas si se merecen. Los cajones están para lo que están. Y sirven para que cada uno elija su ritmo y salga con la gente que corre a su ritmo. Saliendo en el cajón de los que van a bajar de 3 horas a un ritmo de 6 min/km no ganas nada, y molestas muchísimo.

Pero bueno… desahogo de viejo cascarrabias que no vale para nada. Me los volveré a encontrar en la siguiente carrera y volveré a refunfuñar

El caso es que estamos en carrera y hay que fijar el ritmo. Cuando me apunté (hace tres meses), me propuse entrenar para hacerla un ritmo de 4´30´´/km. Eso supone terminarla en 3 horas y diez minutos o un poco más. Luego se me torcieron un poco las cosas y no he sido capaz de entrenar en estos dos últimos meses como me habría gustado.

Así que llego con muchas dudas. Pero como soy un poco borrico, ante la duda, decido arriesgar. Así que voy a ir a 4´30, y a ver hasta donde llego.

Nada mas salir veo, 20 metros delante de mí, al globo que marca 3h15min. Ese tío va justo al ritmo al que yo quiero ir, así que me pongo detrás del pelotón que sigue al globo, y me centro en ir a rueda todo el rato.

Que parece una tontería, pero es comodísimo. Te marca el ritmo, te puedes olvidar del reloj y centrarte en disfrutar de la carrera y, encima, te quitan el aire. No se nota tanto como en bici, pero también ayuda.

Habíamos quedado en que en el km 8 y en el 12 estarían los amigos animando. Justo un poco antes de verles, se pone a llover. Al menos ha aguantado una horita, pero en muy pocos kilómetros ya corremos totalmente empapados y se empiezan a formar charcos (que para mi es lo peor, porque los pisas y es como si hicieran ventosa). Así que pies empapados, camiseta pegada al cuerpo y a joderse tocan.

El lema de la carrera es “Malaga Run & Sun”. ¡Este año, justo en las horas en que se disputa la carrera, el “sun” ha brillado por su ausencia!

Saludo a estos en los puntos en los que habíamos quedado y sonrio para la foto. De momento, todo perfecto.

Luego la carrera se va por el paseo marítimo hacia el este de la ciudad varios kilómetros para volver por el mismo camino. Aquí se trata de ir dejando pasar los km gastando lo menos posible. Cuando vuelves al centro estás justo en el km 20. Ahí se dan un relevo los del globo. Corren los dos juntos un rato y luego el que había hecho la primera media se va para meta y sigue el nuevo.

Llegamos al 21, los de la media Maratón se van por la derecha y nosotros por la izquierda. Vuelvo a ver a la familia y les vuelvo a saludar. De momento voy muy bien a este ritmo.

Y empezamos la segunda media maratón que, en mi opinión, es horrible. El principio va por el paseo marítimo, hacia el oeste, y tiene un pase. Pero luego se mete a la derecha, y se hacen un montón de kilómetros por una zona de polígono medio desierta, que se me hacen aburridísimos.

El caso es que sigo detrás del globo. Sigue lloviendo y los charcos ya son balsas. Entre lo que te mojas tu al pisarlos, y lo que te salpican los de al lado, los pies ya van como si me hubiera caído a la piscina. Es durillo. Pero voy bien, y me sigo centrando en seguir detrás del globo, ya veremos hasta donde.

Antes de llegar al 30 entramos en la pista de Atletismo del Martin Carpena. Muy chulo. Entras por una puerta del estadio, das una vuelta por la pista y sales por la otra puerta. Son los únicos 400 metros atractivos de esos 15 kilómetros.

Y llegamos al 30. Bebo agua (lo mismo que he hecho en todos los avituallamientos) y me tomo un gel (el tercero). A los 500 metros noto un poco de flato y bajo el ritmo un poquitín. En el 31 veo que el globo se me ha alejado un poco, pero no mas de 50 metros. Pienso en apretar para volver a ponerme a rueda, pero no me acerco. Y justo antes del kilometro 32, se me funden lo plomos.

Hice la primera maratón en 2012. He corrido en estos 10 años 7 maratones. Nunca, hasta ayer, me había encontrado con el famoso muro del que habla todo el mundo. Cuando había entrenado bien, pasaba en esos km por una pequeña crisis mental, pero luego en el ritmo casi ni lo notaba. Y cuando había entrenado mal, había sido mas conservador, y tampoco me había dado el mazazo.

Pero ayer si. Ayer me choqué contra el muro de morros. Y está duro de cojones.

En el km 32, y en solo 500 metros, el ritmo al que iba corriendo bajó un minuto por kilómetro. Al globo lo perdí de vista en dos rectas. El flato se me agudizó; las piernas me empezaron a doler y las sentía como rígidas; trataba de correr fluido y no podía; el agua que nos caía, que hasta hace 5 minutos molestaba, pero no mucho, ahora era como si llevara pesas en los pies; y, lo peor de todo: la cabeza dijo “hasta aquí hemos llegado”.

Como iba con dudas, cuando las cosas se pusieron chungas, mentalmente me hundí. Si vas entrenado y con la moral alta, puedes remontar. Pero si la cabeza no empuja, el resto ya es imposible.

Aún así, y por el ritmo que había llevado los primeros 30 km, el tiempo me iba a salir bastante bueno. Así que asumí que no me quedaba otra que sufrir. Tirar de experiencia, centrarme en ir km a km y llegar a meta en el tiempo que fuera.

Es curioso ver el gráfico de como el ritmo se hunde en esos 10 km. Los dos o tres primeros baja poco a poco mientras lucho por no pararme y a partir de ahí, se va a casi los 6 min por km.

Los últimos 5 km de la carrera vuelven a ser bonitos, porque meten la carrera por el centro de Málaga, y pasas por calles muy chulas y llenas de bares y de gente. Pero iba tan apaleado y sufriendo tanto, que ni lo disfruté. Iba trotando como un náufrago y me adelantaba absolutamente todo el mundo.

Y de esa guisa, avanzando como puedo, llego a meta. Destrozado, pero llego. No recuerdo una llegada a meta tan cansado.

Tiempo en meta de 3 horas 22 minutos, que está genial, pero que no refleja lo mal que lo pasé. Y con una lección aprendida para el resto de carreras: a la maratón hay que respetarla. O la entrenas muy bien y te cuidas los días previos, o bajas el ritmo y lo ajustas a la preparación. Porque si no la respetas, y vas por encima del ritmo para el que has entrenado, te mete un bofetón con la mano abierta del que te acuerdas para toda tu vida.

Pero he llegado, que es importante, y ahora toca disfrutar de lo logrado. La sensación de superación por haber sabido sufrir es inexplicable.

Y sobre todo, las buenas compañías, Patricia, Miguel y Esther, Javi (y sus “pases VIP”) y Ana que me esperan cerveza en mano hacen que la recuperación sea mucho mas rápida. No se puede pedir mas.

Y es que como dice el refrán: las penas, con pan (y amigos, y cerveza), son menos.

Rafa y Sara no están en meta, porque el ha terminado la media y se ha ido a duchar al hotel. Otra media maratón en su haber y ya con el venenillo de doblar la distancia en mente. Prometo estar ahí picándole hasta que se decida a dar el salto… y acompañarle en los entrenamientos y, porque no, en su primera maratón

Y mientras recargo algo de liquido y como un poco de fruta, veo que entra en meta David, colega del cole, con el que comparto Retiro practicamente a diario para nuestros entrenamientos. Ha hecho su mejor marca personal y llega mas contento que unas castañuelas. Javi le «cuela» también en la zona VIP, y se viene con nosotros a tomar algo. Muy crack David. ¡¡Enhorabuena!!

Y antes de quedarme helado, tiro con Patricia hacia el hotel.

De camino al hotel vemos llegando a Rafa, calculo que para entrar en meta en cuatro horas. Le damos unos gritos de animo y la enhorabuena por haberlo logrado. Otra maratón a la saca, y creo que ya son 19. Muy bestia. ¡¡Enhorabuena!!

Y ya por último, una mención especial a la sensación de la ducha caliente después de haber estado 2 horas y media penando bajo una lluvia intensa. Placer indescriptible. Solo por saber lo que es esa ducha, ya merece la pena correr un maratón. Sales como nuevo. Con un dolor de piernas infernal, pero como nuevo.

Y ahora a empezar a pensar en la siguiente. Madrid 2023 me está poniendo ojitos. En un par de semanas decido si apuntarme (que ya te digo yo lo que voy a decidir, como si me conociera), y…. ¡¡a por la siguiente!!

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6 comentarios en “MARATON DE MALAGA 11/12/2022

  1. Joder!! pues cuando yo llegué ya estabas recuperado del todo!!!! la cerveza recovery!!!! El año pasado me pasó a mi desde el km 26. Recuerdo que lo pasé tan mal que este año he ido con otro chip en la cabeza. El grafico que has mostrado es brutal. EL MURO.
    Creo que es la primera que te pasa esto ¿no? Una experiencia más ganada para las siguientes! y aun con todo .. un tiempazo!!!!!
    Enhorabuena! una más a la saca, y que todas las que acabes mal, las acabes en esos tiempazos!!!

    1. Muchas gracias, tío. Esperando tu crónica estoy!! Y si, si, la verdad es que estoy muy contento con el tiempo, pero seguramente si hubiera ido todo el rato a 4´45 o así habría hecho el mismo tiempo, sin pasarlo tan mal.
      ¿Nos vemos en la de Madrid de abril?

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